Israel Viana

«Mi hermano de 14 años tuvo que recoger pedazos de cuerpos en Guernica»

A las 15.30 del 26 de abril de 1937, Francisco, Andone y Luis corrieron al refugio al ver al primer avión sobre sus cabezas soltando bombas. El pueblo ardía y el humo no dejaba respirar… comenzaba el episodio más dramático de la Guerra Civil
ABC.es, 04/06/2012

guernica aCuenta Francisco García San Román que la primera vez que escuchó las sirenas serían las 15.30. Tenía siete años. Se encontraba en casa con su madre y sus cuatro hermanos, poco después de comer. Un avión solitario acababa de sobrevolar Guernica «a bastante poca altura», antes de dar la vuelta sobre las casas y marcharse sin disparar un solo tiro. Era la maniobra que anunciaba la tormenta de bombas que reduciría la ciudad santa de los vascos a llamas y escombros, matando a cientos de personas y convirtiendo aquel episodio, del que mañana se cumplen 75 años, en el más dramático y controvertido de la Guerra Civil española.

Guernica era una población de unos 5.000 habitantes que carecía de verdadera importancia militar. En ella, además de Francisco, vivían también Luis Iriondo, de 14 años, y Andone Bidaguren, de nueve. Tres de los 235 supervivientes del histórico bombardeo que el Centro de Investigación por la Paz Gernika Gogoratuz tiene registrados.

Los tres eran unos críos. Apenas tenían constancia de que España estaba en guerra. «En algunas calles había palos y sacos de tierra puestos, pero yo no sabía para qué eran», recuerda Francisco, que hoy tiene 82 años, vive en Irún y jamás volvió a residir en Guernica después de aquel día que su casa fuera arrasada por una bomba.

Día de mercado

Andone se mudó a los tres años a un caserío del barrio de Olesko, a menos de un kilómetro del centro del pueblo. A su casa iban todos los días a comer los «gudaris», los soldados del gobierno vasco a los que escuchó en varias ocasiones que «algún lunes de estos, que había mercadillo, iban a bombardear Guernica». Luis, que trabajaba en el Banco Bilbao de botones porque se habían suspendido las clases, sí había escuchado a su padre comentarios sobre los frentes y la muerte de algunos jóvenes del pueblo, y se había acostumbrado a ir a los refugios casi a diario cuando sonaban las alarmas. «Pero al ver que nunca ocurría nada, dejamos de hacerles caso », comenta a sus 90 años, desde su actual casa en Guernica.

Sin embargo, aquel lunes 26 de abril, con el pueblo a rebosar de comerciantes de las zonas rurales y milicianos huidos del frente de Bilbao, Guernica se convirtió en el infierno de sus vidas. «Fue la peor experiencia que he tenido jamás», asegura Francisco, a quien su padre le había avisado de que si sonaban las campanas se fuera corriendo al refugio que había en la fábrica de armamento, a 300 metro de su casa, y que se tapara la boca con un pañuelo y mordiera un palo para evitar que las explosiones le «reventaran la boca».

Tras aquel primer avión marcando la dirección, un bombardero Heinkel 111 de la «escuadrilla experimental» de la Legión Cóndor apareció en el cielo, arrojó la primera carga en el centro de Guernica y desapareció de inmediato. A dos de los hermanos de Andone, de 7 y 8 años, este primer ataque les pilló cerca de su caserío jugando al fútbol. Al principio se quedaron paralizados, sin saber qué hacer, y luego echaron a correr hacia casa. «Entonces mi padre grito: “¡No salgáis, si nos tienen que matar, nos quedamos aquí muertos!”. Pero mis dos hermanos y yo estábamos tan nerviosos que no hicimos ni caso, y nos liamos a correr hacia el campo hasta que llegamos a una ría. Nos metimos los tres dentro del agua cubiertos hasta la cintura, pensando que allí no nos vería nadie, y nos quedamos quietos las cuatro horas que duró el bombardeo. ¡No podíamos ni hablar del miedo que teníamos!», recuerda Andone.

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