Los asesinatos de IKEA, Suecia está en crisis

di Ingrid Carlqvist

El incendio de la mezquita recibió una gran atención, mientras que la epidemia de violaciones es básicamente ignorada. Cuando una mujer sueca y su hijo son brutalmente apuñalados hasta la muerte en el lugar más sueco de todos, una tienda de Ikea, el primer ministro no tiene nada que decir.

Ingrid Carlqvist

Carola Herlin, directora del Centro de Salud Moro Backe, fue asesinada junto a su hijo el pasado 10 de agosto en el Ikea de Västerås, Suecia.

El orden democrático normal, en el que los ciudadanos pueden contactar con los políticos o los medios de comunicación para que sus voces se escuchen, casi se ha evaporado. Las páginas web de los periódicos han eliminado los campos de comentarios para el lector, y los políticos se esconden detrás de un muro de funcionarios que estigmatizan a sus preocupados interlocutores llamándoles “racistas”. Suecia está gobernada por un poder que ha cegado el proceso democrático.

Las preguntas inundaron los medios de comunicación: ¿quiénes son estas personas a las que se permite entrar en Suecia? ¿Cuántas no son víctimas inocentes de la guerra, sino criminales de guerra o delincuentes de todo tipo?

La cuestión más relevante es: ¿por qué un Gobierno tras otro ha decidido gastar los impuestos de los suecos en ciudadanos de otros países, pese a que algunos han intentado matarnos?

Ninguno de los medios principales ha hecho frente al Gobierno por los delitos violentos cometidos por los demandantes de asilo. Por el contrario, han hecho lo máximo por convencer a los suecos de que todo está perfecto, mejor que nunca.

“¿Dónde voy a solicitar el asilo (…) cuando llegue el día en que no pueda vivir aquí más?” (Ewa, en Facebook).

Los delitos violentos han crecido un 300% y las violaciones un 1.472% desde 1975, el año en que el Parlamento decidió convertir la Suecia homogénea en un país multicultural.

Una oleada de ira ha inundado la por lo común dócil Suecia. Después del doble homicidio en el Ikea de Västeras, donde un inmigrante ilegal apuñaló letalmente a dos suecos, más y más gente se pregunta por qué el Gobierno está exponiendo a la ciudadanía a asesinos de todo el mundo.

El 10 de agosto, la noticia de los asesinatos en Ikea dejó en shock a Suecia. Dos solicitantes de asilo de Eritrea (la segunda mayor fuente de solicitantes de asilo en el país) eran sospechosos de tomar unos cuchillos de la zona de menaje del hogar y atacar a dos suecos al azar. Las víctimas fueron Carola Herlin, de 55 años, y Emil, su hijo de 28.

Carola Herlin, directora del Centro de Salud Moro Backe, fue asesinada junto a su hijo el pasado 10 de agosto en el Ikea de Västerås, Suecia.

Al mayor de los dos solicitantes de asilo, un hombre de 36 años, le habían denegado en dos ocasiones la residencia en Suecia porque ya la había obtenido en Italia, pero todavía no había sido deportado. (Los eritreos sin permiso de residencia en otros países de la Unión Europea se quedan de forma automática en Suecia).

El asesino se infligió heridas graves y necesitó varias operaciones antes de que la Policía pudiera interrogarlo. El 14 de agosto confesó. Su compatriota de 23 años fue puesto en libertad, ya que la Policía no cree que tuviera algo que ver con los asesinatos o supiera lo que su amigo estaba planeando.

El miedo ha sacudido a los suecos. Incluso a quienes venían tachando de racistas las críticas a la inmigración y el multiculturalismo. Las preguntas inundaron los medios de comunicación: ¿quiénes son estas personas a las que se permite entrar en Suecia? ¿Cuántas no son víctimas inocentes de la guerra, sino delincuentes o criminales de guerra? ¿Hemos de pagar miles de millones, vía impuestos, para apoyar y dar refugio a los ciudadanos de otros países, mientras algunos de ellos tratan de asesinarnos?

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